¿Es necesario hacernos chequeos médicos de manera periódica? Esta es una pregunta que seguramente todos nos hemos hecho en algún momento, y cuya respuesta siempre será un rotundo sí. Quienes practicamos el running nos vemos involucrados día a día en situaciones que requieren diferentes niveles de esfuerzo, en donde nuestra frecuencia cardiaca por lo general oscila entre el 50 y 80% de su valor máximo en un día normal de entrenamiento. En situaciones de competencia, este porcentaje puede ser mayor dependiendo de la distancia y el esfuerzo empleado.
Una persona que no tiene ningún problema en el funcionamiento del sistema cardiovascular, no debería tener ningún problema para tolerar lo descrito anteriormente; sin embargo, en una persona que tiene alguna cardiopatía desconocida puede ser muy riesgoso. Estas cardiopatías pueden ser asintomáticas, es decir, no tenemos síntomas que nos alerten de su presencia. Por tal motivo, en muchos casos, la única forma de identificar estas anomalías y tomarlas en consideración es hacernos un chequeo general con un cardiólogo.
A mí me ha tocado vivir una experiencia bien particular al respecto. En el año 2004, cuando tenía 20 años, me preparaba para competir en el Campeonato Nacional Universitario que se llevó a cabo en Arequipa. Me estaba preparando como nunca y estaba casi listo para superar mis registros personales considerando los casi 2400 msnm. Sin embargo, todos los que fuimos seleccionados para competir en aquel entonces pasamos por un chequeo médico simple. En dicho chequeo me detectaron un soplo cardiaco, por lo cual me derivaron con un cardiólogo para realizarme otras pruebas adicionales. El electrocardiograma salió bien, al igual que la prueba de esfuerzo, pero el ecocardiograma arrojó un resultado inesperado que cayó como baldazo de agua fría en ese momento: Tenía una anomalía congénita que es llamada Válvula Aorta Bicúspide. A raíz de este diagnóstico, el médico que me atendió me dijo que sí estoy habilitado para practicar deporte con normalidad y que de hecho es recomendable hacerlo, esto debido a que mi problema es mecánico más que del funcionamiento del corazón, pero me prohibió correr en altura por lo que quedé descartado de aquella competencia. A partir de ese entonces me hago chequeos periódicamente para ver que todo esté en orden, y ahora, 14 años después, aún puedo seguir corriendo y compitiendo con normalidad con los vistos buenos correspondientes. Cabe precisar que mi condición requiere tener un estilo de vida saludable, lo cual hará que las probabilidades que tenga problemas en un futuro disminuyan considerablemente. Bajo este contexto, espero poder correr muchos años (y décadas) más sin problemas.
Desde el año pasado me estoy haciendo, de manera anual, tres pruebas básicas para monitorearme, que en realidad debe realizársela todo aquel que desea prepararse para alguna carrera o hacer deporte en general: Ecocardiograma, Electrocariograma y prueba de esfuerzo. En cada caso en particular, el médico dirá si es necesario hacer alguna otra prueba. Como bien mencionaba, muchos de estos problemas, que podemos tener sin saberlo, son asintomáticos. El hacernos estos chequeos nos va a dar la seguridad que podemos entrenar y competir sin ninguna preocupación o, en el peor de los casos, vamos a conocer qué precauciones debemos tomar para practicar nuestro deporte favorito sin problemas.
Recuerden, ¡El deporte siempre tiene que ser salud!














