Creo que todos los que corremos alguna vez hemos
experimentado a las temidas y poco queridas lesiones. Estas se nos han presentado de diferentes
maneras y en diversas situaciones, tal vez algunas cuando hemos estado atravesando
por nuestro mejor estado de forma, u otras veces en plena carrera. Lo que es común es que tener una molestia o
lesión que nos impida correr con normalidad nos produce un sinsabor que termina
afectando hasta nuestro estado de ánimo.
Como todo en la vida, que tanto nos afecte esta situación dependerá
mucho de la perspectiva desde la cual la veamos. Si enfocamos esto que nos sucede, más que
como una tragedia, como una oportunidad de ser un corredor más fuerte,
definitivamente nos vamos a sentir mucho mejor.
La pregunta que se desprende de esto es que, cuando nos lesionamos, ¿Cómo
logramos ver esta lesión desde una perspectiva positiva?
Primero que nada, debemos ser conscientes que una lesión
siempre nos ocurre por alguna razón en particular, y la tarea siempre que nos
suceda es identificar a qué se debe.
Identificando la causa del problema, podemos definir acciones para
contrarrestarla y evitar que nos vuelva a suceder en el futuro. El atacar estos puntos débiles que identifiquemos,
también nos hará más fuertes físicamente, lo cual nos hará correr mejor. Otro punto a tener en cuenta, es que luego de
una lesión aprendemos a interpretar mejor las señales que nos da nuestro
cuerpo, cuando algo no está yendo del todo bien. La mayoría de veces que nos lesionamos, el
cuerpo nos ha estado advirtiendo, por medio de pequeñas molestias, que debemos
prestar atención a ciertos detalles para no lastimarnos más. En ese contexto, muchas veces nos damos
cuenta que debimos prestarle atención a esos detalles cuando ya es demasiado
tarde. Por último, si una lesión nos
pasa cerca a alguna carrera y no podemos participar a causa de esta, lo mejor
es replantear nuestros objetivos y darle la mayor importancia posible a
recuperarnos bien para regresar con fuerza.
Carreras habrá muchas, pero cuerpo solo tenemos uno y hay que
cuidarlo. El running siempre da
revanchas.
A continuación, les contaré cual ha sido mi experiencia afrontando
lesiones y cómo me ha ayudado cada una a ser mejor:
Periostitis tibial: Esta es la primera lesión que
tuve cuando regresé a correr hace cinco años.
La causa de esta fue porque le di a mi cuerpo una carga mayor a la que
estaba preparado en ese entonces, además que estaba utilizando zapatillas que
no eran para distancias largas. La lección en este caso fue comenzar a
aprender sobre los tipos de zapatillas disponibles de acuerdo a mi pisada,
además de no excederme en los entrenamientos más allá de lo que me corresponde
de acuerdo a mi plan.
Inflamación del cartílago de la rodilla: Tuve esta
lesión ese mismo año, y la causa también fue en buena parte por sobrecarga al
comenzar a prepararme para mi primera media maratón, y añadirle también
ejercicios funcionales con alto impacto.
El más grande error que cometí en aquella oportunidad, fue que cuando
comencé a sentir las primeras molestias no le presté mucha atención, e incluso
hice un fondo a una intensidad alta para ese entonces, lo cual terminó por
complicar la lesión. La lección
en esta oportunidad fue el aprender a escuchar las señales que da mi cuerpo y
prestarles atención a tiempo. Luego de
esto, cada vez que sentía alguna molestia acudía a un fisioterapeuta, además de
comenzar a realizar descargas musculares de manera periódica de acuerdo a la
carga de entrenamiento que tenía. Otro
aspecto a resaltar es que fui consciente de la importancia de fortalecer los
músculos que rodean nuestras articulaciones (como en este caso era el cuádriceps),
de tal manera que se disminuya el impacto que absorben estas.
Fascitis plantar: Considero que esta fue la lesión
que más estrés me generó por lo persistente que fue, pero fue a la vez una de
las que más aprendí. La causa principal
por la que me dio fue porque descansé muy poco, por no decir casi nada, luego
que corrí la maratón de Buenos Aires en octubre del 2015, y comencé a entrenar
de manera intensa con los músculos aún no recuperados. Esto hizo que mis gemelos anden más
contracturados de lo normal, y por tanto también se tense e inflame la fascia,
la cual también había terminado con bastante carga luego de la maratón. Es así como un día cualquiera, comencé a
sentir una molestia en el talón, que no se fue por unos meses. Estos meses pude entrenar, aunque de manera
muy limitada, probando muchos métodos para que pase, pero ninguno con éxito. Finalmente, con ayuda de las terapias médicas,
así como las auto terapias que fui aprendiendo, y muchos ejercicios de
estiramiento tanto para la planta, como para los gemelos, un día cualquiera, así
como apareció, desapareció. Lecciones hubo varias: Descansar al menos una semana luego de una
maratón y retomar la intensidad del entrenamiento de manera muy progresiva
durante las siguientes semanas; así como estiraba muchos músculos después de
entrenar, debía acordarme de mi pie, y estirar la planta de manera continua,
además de hacerme automasajes para descargar la planta. También me permitió identificar cuándo tengo
la fascia un poco tensa, de tal manera de poder priorizarla a la hora de
hacerme descargas. Por último, también
me sirvió para entender mejor la interrelación de la planta del pie con los
gemelos. Si los segundos se
contracturan, es muy probable que los primeros se tensen (además que puede
afectar a los tendones que sirven de conexión entre estos). Por último, y no menos importante, la necesidad
de fortalecer mis músculos en general.
Esto lo comencé a hacer por medio de ejercicios funcionales para
fortalecer los músculos tanto del tren superior, inferior y del core.
Fractura de la falange del dedo gordo del pie: Esta
fue de las lesiones que uno no espera y que pueden ser impredecibles. Se dio por medio de un accidente que tuve corriendo
de noche, al no advertir la presencia de un sardinel cuando me disponía a
cruzar una pista. Estuve de para mes y
medio aproximadamente y sucedió cuando me preparaba para correr la maratón de
Lima hace dos años. Durante el proceso
de recuperación necesité de mucha paciencia, y además convencerme de la idea de
aprovechar el descanso para regresar más fuerte. En efecto, las cosas sucedieron de esa manera. Retomé mis entrenamientos de manera
progresiva, lo cual al comienzo costó muchísimo, pero comencé a mejorar de una
manera inesperada y pronto estuve en mejor estado de forma que antes del accidente
y pude mejorar casi todos mis tiempos en las diferentes distancias. Fuera de eso, la lección en este caso fue, además de ir con más cuidado (en especial
cuando corro de noche), que la perspectiva desde la cual vemos estas lesiones
influyen de manera notable en la recuperación que podamos tener y en un muy
buen regreso a la actividad.
Luego de esta lesión solamente he tenido algunas molestias
pasajeras, que gracias a lo aprendido a lo largo de todo este tiempo he podido
manejar, acudiendo a un fisioterapeuta a tiempo y por medio de auto terapias. Por otro lado, suelo realizar lo necesario
para disminuir la probabilidad de tener lesiones: realizar estiramiento
muscular luego de los entrenamientos; realizar, al menos un par de veces por
semana, una rutina de fortalecimiento muscular; alimentarme bien, con la
asesoría de un profesional; y tratar de descansar lo más y mejor posible por
las noches.
Las lesiones pueden ser un obstáculo en nuestro camino para
alcanzar nuestros objetivos, pero también pueden traernos ciertas enseñanzas
que nos van a servir para ser mejores corredores y más fuertes, además que cada
vez sabremos mejor como prevenirlas. La
idea de este post no es mostrar las lesiones como algo que nos tenga que pasar
para aprender, sino para que en caso nos suceda, poder asimilarla como algo que
nos va a ayudar a ser más fuertes en el futuro.
