miércoles, 14 de noviembre de 2018

Dándole un sentido especial a una maratón: Crónica del camino rumbo a la maratón de Nueva York 2018




A finales de mayo tomé una decisión que me marcó estos últimos meses: correr la maratón de Nueva York como parte del Fred’s Team [1] para apoyar la lucha contra el cáncer.   Dicho apoyo consistió en recaudar $3,500 en este periodo, los cuales  ahora han sido destinados en su totalidad a la investigación de nuevos métodos de prevención, diagnóstico y tratamiento de todos los tipos de cáncer, tarea realizada por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK[2] ).  Tal como lo comenté en un post anterior, decidí participar en la maratón apoyando esta causa por un tema muy personal: hace 10 años mi padre falleció a causa de un cáncer al colón, luego de darle batalla por varios años.  Esto hizo este tema bastante sensible, pero a la vez me daba el empujón necesario para trabajar en la recaudación de fondos y entrenar, lo cual se volvió un doble reto. 

Desde que asumí este compromiso sabía que me esperaban meses de mucho trabajo, tanto entrenando como planificando las diferentes acciones orientadas a la recaudación de fondos.  Lo último me resultó muy complicado en un principio, dado que tenía que ver la mejor forma de difundir mi causa, el porqué lo hacía, así como difundir el impacto positivo que iba a tener lo recaudado en la lucha contra el cáncer.  Llegar a las personas no es, muchas veces, una tarea fácil, más aún cuando se trata de pedir una donación.  En este periodo recibí el apoyo de muchas personas y algunas empresas que, de alguna u otra forma, sumaron mucho en el camino hacia el objetivo.  Mi recaudación despegó con fuerza luego de las actividades que se realizaron, como lo fueron la Rifa Pro Fondos, una venta de pollo y chancho al cilindro, y el proyecto “Botellas mágicas”.   Finalmente pude llegar a la meta de $3,500 el mismo día que viajaba hacia Nueva York, por lo cual solo me quedaba llegar y correr los 42.195 km dedicándolos a la lucha contra el cáncer.

¡Reto cumplido!


En relación al entrenamiento, las cosas fueron muy bien en el proceso.  No tuve lesiones ni algún percance que me hiciera parar de entrenar, por lo que se cumplió el plan de entrenamiento casi en su totalidad.  Sin embargo, tuve que ser un poco flexible en ciertos momentos con algunos entrenamientos en particular, principalmente alrededor de los días que tenía clases del MBA, que eran los lunes de cada dos semanas durante todo el día, lo que me dejaba bastante cansado para el día siguiente, además que esos días no podía descansar lo necesario para poder cumplir con todo.  Esta fue la única complicación que considero he tenido en el camino, pero preferí tomarla como un sacrificio que valía mucho la pena asumir.

Finalmente llegó el día de viajar a Nueva York y relajarme lo más que podía para afrontar la carrera de la mejor manera.  Creo que todos los que han corrido una maratón saben que es difícil no sentirse ansioso.  En mi caso, tuve unos días medio complicados con eso, dado que me quedaba el recuerdo de lo que me pasó en la maratón de mayo, cuando un problema estomacal que acarreaba días atrás me arruinó la carrera.  En esta ocasión traté de cuidar hasta el más mínimo detalle para que el riesgo de tener algún percance similar fuera mínimo.  Definitivamente uno aprende de los errores pasados y esta era una oportunidad de oro para no volver a cometerlos y sacarme el clavo de eso. 

Los días previos también estuvieron llenos de eventos que hicieron crecer mi motivación con miras a la carrera, entre ellos la ceremonia de apertura, en donde compartí la euforia previa a la carrera con más peruanos y también con personas de diferentes nacionalidades, el día previo, al salir a hacer el último trote me encontraba en cada paso con otros corredores, veía que realmente ya se vivía la fiesta de la maratón.  Por la tarde de ese mismo día asistí a la cena del Fred’s Team, donde pude conocer un poco más de la fundación a la que apoyé en esta oportunidad, y conocer de cerca casos de personas que han vencido al cáncer y que, al igual que yo, estuvieron en la línea de partida el 4 de noviembre. 

Ceremonia de apertura


Cena con el Fred's Team

Finalmente llegó la noche previa a la carrera, noche en la cual muchos corredores no pueden dormir muy bien ya sea por la ansiedad, nervios y demás.  En mi caso, en un principio pude conciliar el sueño; sin embargo, esa noche hubo mucha bulla en los alrededores del hotel, aparentemente por personas que celebraban que era el fin de semana y también por atrasado Halloween.  Esto no permitió que el descanso sea el mejor, pero era mejor tomarlo como cosas que podían suceder, y que de hecho ya me ha sucedido alguna vez previo a alguna carrera.   Debo resaltar que el descanso más importante antes de una maratón (o carrera en general) es en los días previos a la víspera, lo cual cumplí muy bien.

Foto con el Fred's Team antes del traslado a Staten Island

Siendo las 4am del 4 de noviembre llegó la hora de levantarme, desayunar, cambiarme e ir al punto de encuentro del Fred´s Team, en pleno Times Square, para la foto de rigor y el traslado a Staten Island, lugar de partida.  Llegamos al lugar a las 7am aproximadamente, ya había un sol radiante y hacía frío, pero soportable (6 °C aproximadamente).  En ese momento estaba tan abrigado que el frío pasó desapercibido, salvo en mis manos ya que no había considerado llevar guantes o utilizar un calentador de manos que me habían dado (pequeño error).  Dado que faltaba poco más de dos horas para ir a mi corral de partida, opté por buscar un lugar en el pasto donde caía el sol y descansar ahí.   Hacia las 9am comenzaron a llamar a mi ola y corral, por lo cual me dispuse a ir para ubicar bien el lugar (la zona de espera era bien grande, aunque bien señalizada también).  Ya en el corral me alisté con lo necesario para partir, donando aquello que me sirvió para abrigarme hasta ese momento.   Estando ya en la línea de partida, se respiraba un ambiente de mucha concentración entre los corredores que partieron conmigo, pero a la vez también de fiesta.  Comenzaron a sonar los cañones, con la canción “New york, New york” y llegó la hora de partir, me encontraba más motivado que nunca.

En el km 27 de la ruta


La partida se dividía, de acuerdo a tu tiempo estimado, en olas y corrales.  Además de esta división, también había una tercera que era por colores.  Dos colores partían por la parte de arriba del puente Verrazano, mientras que el tercer color (que fue el que me tocó), el verde partía por la parte de abajo del puente.  Los primeros dos kilómetros resultaron siendo los más difíciles para mí, cuando comencé a correr debajo del Verrazano sentí un frío penetrante que hizo que haga mi primer kilómetro 1 min/km más lento que mi promedio.  Conforme fui avanzando fui calentando con lo cual encontré mi ritmo hacia el km 3.  A partir de este momento pude disfrutar al máximo de la carrera, con las espectaculares vistas que tenía, la gente alentando prácticamente en toda la ruta (salvo en los puentes), y corriendo rodeado de muchos corredores.  Esto último tuvo sus ventajas y desventajas.  La principal desventaja era que muchas veces las personas, sin querer, se cruzaban entre sí, teniendo que acortar los pasos para no pisar al otro, o a veces teniendo algún pequeño tropiezo involuntario que no pasaba a mayores.  Cuando encontré un ritmo sostenido, me junté con el grupo que corrió con el pacer de 3 horas 10, corriendo con este grupo hasta el kilómetro 32, luego de pasar el puente Queensboro para llegar a Manhattan, y el de Bronx.  En ese instante me sentía muy bien, animado por el ambiente que se vivía y por lo que estaba experimentando, por lo que decidí ajustar un poco el ritmo.  Es a partir del kilómetro 35 que decidí dar todo lo que me quedaba hasta el final, llegando al Central Park y luego a la meta cansado, pero entero.  Esos últimos 7 kilómetros fueron los más rápidos de la carrera y me hicieron terminar con una excelente sensación, cruzando la meta en un tiempo de 3 horas 8 minutos, 11 minutos más rápido que mi anterior mejor registro en maratón (que dicho sea de paso fue en la maratón de Chicago en el 2016, una carrera plana a diferencia de Nueva York).  Definitivamente cruzar la meta de una maratón como la de Nueva York es una sensación indescriptible.  Luego de ese momento soñado, fui al lugar de recuperación preparado por el Fred’s Team cerca a la meta, en donde pude descansar un rato y disfrutar del momento.

Cruzando la meta

¡Tarea cumplida!

El haber cumplido con los dos retos que me puse para este evento ha sido una experiencia muy gratificante.  Con la ayuda de muchas personas pude llegar al objetivo de recaudación al que me comprometí y también pude correr la maratón de la mejor manera, superando largamente mi mejor marca.   Esto me ha permitido encontrarle un sentido muy especial a correr, que no solo se limita a la práctica propiamente dicha del deporte, sino a realizarlo por alguna causa.  En general, participar en una maratón apoyando una fundación/charity puede ser una tarea difícil por el trabajo que implica, pero es algo que llena bastante, apoyamos a muchas personas con los fondos que logramos recaudar.  Si me preguntaran si ¿lo volvería a hacer?, mi respuesta sería sin pensarlo: ¡Definitivamente!   

El compromiso con la lucha contra el cáncer no debe quedar en este evento, sino que debe ser algo continuo.  Así que: ¡Vamos por más!





 [1] https://www.fredsteam.org/


 [2] https://www.mskcc.org/

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