A finales de mayo tomé
una decisión que me marcó estos últimos meses: correr la maratón de Nueva York
como parte del
Fred’s Team para apoyar la lucha contra el cáncer.
Dicho apoyo consistió en recaudar $3,500 en este
periodo, los cuales
ahora han sido destinados
en su totalidad a la investigación de nuevos métodos de prevención, diagnóstico
y tratamiento de todos los tipos de cáncer, tarea realizada por
el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK).
Tal como lo comenté en un post anterior, decidí participar en la maratón
apoyando esta causa por un tema muy personal: hace 10 años mi padre falleció a
causa de un cáncer al colón, luego de darle batalla por varios años.
Esto hizo este tema bastante sensible, pero a
la vez me daba el empujón necesario para trabajar en la recaudación de fondos y
entrenar, lo cual se volvió un doble reto.
Desde que asumí este
compromiso sabía que me esperaban meses de mucho trabajo, tanto entrenando como
planificando las diferentes acciones orientadas a la recaudación de
fondos. Lo último me resultó muy
complicado en un principio, dado que tenía que ver la mejor forma de difundir
mi causa, el porqué lo hacía, así como difundir el impacto positivo que iba a
tener lo recaudado en la lucha contra el cáncer. Llegar a las personas no es, muchas veces,
una tarea fácil, más aún cuando se trata de pedir una donación. En este periodo recibí el apoyo de muchas
personas y algunas empresas que, de alguna u otra forma, sumaron mucho en el
camino hacia el objetivo. Mi recaudación
despegó con fuerza luego de las actividades que se realizaron, como lo fueron
la Rifa Pro Fondos, una venta de pollo y chancho al cilindro, y el proyecto
“Botellas mágicas”. Finalmente pude
llegar a la meta de $3,500 el mismo día que viajaba hacia Nueva
York, por lo cual solo me quedaba llegar y correr los 42.195 km dedicándolos a
la lucha contra el cáncer.
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| ¡Reto cumplido! |
En relación al
entrenamiento, las cosas fueron muy bien en el proceso. No tuve lesiones ni algún percance que me
hiciera parar de entrenar, por lo que se cumplió el plan de entrenamiento casi
en su totalidad. Sin embargo, tuve que
ser un poco flexible en ciertos momentos con algunos entrenamientos en particular,
principalmente alrededor de los días que tenía clases del MBA, que eran los
lunes de cada dos semanas durante todo el día, lo que me dejaba bastante
cansado para el día siguiente, además que esos días no podía descansar lo necesario
para poder cumplir con todo. Esta fue la
única complicación que considero he tenido en el camino, pero preferí tomarla
como un sacrificio que valía mucho la pena asumir.
Finalmente llegó el día
de viajar a Nueva York y relajarme lo más que podía para afrontar la carrera de
la mejor manera. Creo que todos los que
han corrido una maratón saben que es difícil no sentirse ansioso. En mi caso, tuve unos días medio complicados
con eso, dado que me quedaba el recuerdo de lo que me pasó en la maratón de
mayo, cuando un problema estomacal que acarreaba días atrás me arruinó la
carrera. En esta ocasión traté de cuidar
hasta el más mínimo detalle para que el riesgo de tener algún percance similar
fuera mínimo. Definitivamente uno
aprende de los errores pasados y esta era una oportunidad de oro para no volver
a cometerlos y sacarme el clavo de eso.
Los días previos
también estuvieron llenos de eventos que hicieron crecer mi motivación con
miras a la carrera, entre ellos la ceremonia de apertura, en donde compartí la
euforia previa a la carrera con más peruanos y también con personas de
diferentes nacionalidades, el día previo, al salir a hacer el último trote me
encontraba en cada paso con otros corredores, veía que realmente ya se vivía la
fiesta de la maratón. Por la tarde de
ese mismo día asistí a la cena del Fred’s Team, donde pude conocer un poco más
de la fundación a la que apoyé en esta oportunidad, y conocer de cerca casos de
personas que han vencido al cáncer y que, al igual que yo, estuvieron en la
línea de partida el 4 de noviembre.
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Ceremonia de apertura
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| Cena con el Fred's Team |
Finalmente llegó la
noche previa a la carrera, noche en la cual muchos corredores no pueden dormir
muy bien ya sea por la ansiedad, nervios y demás. En mi caso, en un principio pude conciliar el
sueño; sin embargo, esa noche hubo mucha bulla en los alrededores del hotel,
aparentemente por personas que celebraban que era el fin de semana y también por
atrasado Halloween. Esto no permitió que
el descanso sea el mejor, pero era mejor tomarlo como cosas que podían suceder,
y que de hecho ya me ha sucedido alguna vez previo a alguna carrera. Debo resaltar que el descanso más importante
antes de una maratón (o carrera en general) es en los días previos a la
víspera, lo cual cumplí muy bien.
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| Foto con el Fred's Team antes del traslado a Staten Island |
Siendo las 4am del 4 de
noviembre llegó la hora de levantarme, desayunar, cambiarme e ir al punto de encuentro
del Fred´s Team, en pleno Times Square, para la foto de rigor y el traslado a
Staten Island, lugar de partida.
Llegamos al lugar a las 7am aproximadamente, ya había un sol radiante y
hacía frío, pero soportable (6 °C aproximadamente). En ese momento estaba tan abrigado que el
frío pasó desapercibido, salvo en mis manos ya que no había considerado llevar
guantes o utilizar un calentador de manos que me habían dado (pequeño
error). Dado que faltaba poco más de dos
horas para ir a mi corral de partida, opté por buscar un lugar en el pasto donde
caía el sol y descansar ahí. Hacia las
9am comenzaron a llamar a mi ola y corral, por lo cual me dispuse a ir para
ubicar bien el lugar (la zona de espera era bien grande, aunque bien señalizada
también). Ya en el corral me alisté con
lo necesario para partir, donando aquello que me sirvió para abrigarme hasta
ese momento. Estando ya en la línea de
partida, se respiraba un ambiente de mucha concentración entre los corredores
que partieron conmigo, pero a la vez también de fiesta. Comenzaron a sonar los cañones, con la
canción “New york, New york” y llegó la hora de partir, me encontraba más
motivado que nunca.
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| En el km 27 de la ruta |
La partida se dividía,
de acuerdo a tu tiempo estimado, en olas y corrales. Además de esta división, también había una
tercera que era por colores. Dos colores
partían por la parte de arriba del puente Verrazano, mientras que el tercer
color (que fue el que me tocó), el verde partía por la parte de abajo del
puente. Los primeros dos kilómetros
resultaron siendo los más difíciles para mí, cuando comencé a correr debajo del
Verrazano sentí un frío penetrante que hizo que haga mi primer kilómetro 1
min/km más lento que mi promedio.
Conforme fui avanzando fui calentando con lo cual encontré mi ritmo hacia
el km 3. A partir de este momento pude
disfrutar al máximo de la carrera, con las espectaculares vistas que tenía, la
gente alentando prácticamente en toda la ruta (salvo en los puentes), y
corriendo rodeado de muchos corredores.
Esto último tuvo sus ventajas y desventajas. La principal desventaja era que muchas veces
las personas, sin querer, se cruzaban entre sí, teniendo que acortar los pasos
para no pisar al otro, o a veces teniendo algún pequeño tropiezo involuntario
que no pasaba a mayores. Cuando encontré
un ritmo sostenido, me junté con el grupo que corrió con el pacer de 3 horas
10, corriendo con este grupo hasta el kilómetro 32, luego de pasar el puente Queensboro
para llegar a Manhattan, y el de Bronx.
En ese instante me sentía muy bien, animado por el ambiente que se vivía
y por lo que estaba experimentando, por lo que decidí ajustar un poco el
ritmo. Es a partir del kilómetro 35 que
decidí dar todo lo que me quedaba hasta el final, llegando al Central Park y
luego a la meta cansado, pero entero.
Esos últimos 7 kilómetros fueron los más rápidos de la carrera y me
hicieron terminar con una excelente sensación, cruzando la meta en un tiempo de
3 horas 8 minutos, 11 minutos más rápido que mi anterior mejor registro en
maratón (que dicho sea de paso fue en la maratón de Chicago en el 2016, una
carrera plana a diferencia de Nueva York).
Definitivamente cruzar la meta de una maratón como la de Nueva York es
una sensación indescriptible. Luego de
ese momento soñado, fui al lugar de recuperación preparado por el Fred’s Team
cerca a la meta, en donde pude descansar un rato y disfrutar del momento.
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| Cruzando la meta |
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| ¡Tarea cumplida! |
El haber cumplido con
los dos retos que me puse para este evento ha sido una experiencia muy
gratificante. Con la ayuda de muchas
personas pude llegar al objetivo de recaudación al que me comprometí y también
pude correr la maratón de la mejor manera, superando largamente mi mejor
marca. Esto me ha permitido encontrarle
un sentido muy especial a correr, que no solo se limita a la práctica propiamente
dicha del deporte, sino a realizarlo por alguna causa. En general, participar en una maratón
apoyando una fundación/charity puede
ser una tarea difícil por el trabajo que implica, pero es algo que llena
bastante, apoyamos a muchas personas con los fondos que logramos recaudar. Si me preguntaran si ¿lo volvería a hacer?,
mi respuesta sería sin pensarlo: ¡Definitivamente!
El compromiso con la
lucha contra el cáncer no debe quedar en este evento, sino que debe ser algo
continuo. Así que: ¡Vamos por más!