El
mundo ideal para cualquier corredor es poder entrenar sin ningún contratiempo y
aprovechar al máximo el tiempo con el que se cuenta para cumplir con lo
planificado. Sin embargo, ninguno de
nosotros somos ajenos a tener molestias y lesiones, las cuales se nos pueden
presentar en el camino, convirtiéndose en un molesto obstáculo.
Estas
molestias o lesiones pueden aparecer por diferentes causas, siendo la más común
la sobrecarga causada por el mismo entrenamiento. Cuando sentimos una molestia es común
preocuparnos e incluso frustrarnos por pensar que esto puede significar que no
podremos cumplir con nuestros objetivos.
Cuando esto sucede, lo más recomendable es tomar las cosas con calma y
analizar fríamente la situación. Lo
primero que debemos hacer en estos casos es tratarnos de contactar con algún
profesional, como lo es un fisioterapeuta, para que nos evalúe y nos dé un
diagnóstico sobre lo que nos aqueja. Sin
embargo, muchas veces no tenemos a la mano la posibilidad de que nos atienda en
el corto plazo, razón por la cual es importante saber de qué forma podemos
sobrellevar este incómodo momento.
Desde
que comencé a correr, he experimentado la situación antes descrita en más de
una ocasión. En base a esto, les
comparto algunos tips que tal vez les pueda ser de utilidad en este tipo de
situaciones:
1) No te auto mediques: Cuando algo nos
duele, una de las primeras cosas que se nos viene a la cabeza es tomar una
pastilla como, por ejemplo, un antinflamatorio.
Sin embargo, esta pastilla puede aliviarnos momentáneamente del dolor y
dejarnos correr, pero a cambio de esto nuestra recuperación muscular luego de
un entrenamiento o carrera se verá perjudicada, además de otros efectos
secundarios que pueden presentarse, aumentando el riesgo que nuestra molestia empeore
y se convierta en una lesión más complicada o que aparezca una nueva. Muchas veces la lesión no se cura con esto,
solo se oculta mientras dura el efecto de la pastilla. Si es que piensas que necesitas algún
medicamento para sobrellevar una molestia, consúltalo antes con tu médico.
2) ¿Entreno o no entreno?: Esta es la
duda más grande que tenemos en estos casos y que debemos evaluar siempre. Lo que hago en mi caso, es tratar de entrenar
comenzando a ritmo muy suave y dependiendo cómo me vaya sintiendo aumento un
poco el ritmo. Si es que la molestia
está ahí y sentimos que afecta nuestra forma de correr (nuestra técnica
principalmente) a un ritmo mucho más suave del habitual, lo más recomendable es
parar. No vale la pena hacer lo posible
por terminar un entrenamiento si es que el costo va a ser agravar la
lesión. Si es que las cosas van bien en
los días posteriores, trato de ir aumentando el ritmo de manera progresiva, hasta
que regrese a mi ritmo habitual. Lo que
quiero concluir con en este punto, es que ante una molestia no necesariamente
la solución es parar, pero debemos saber escuchar nuestro cuerpo y cuidarlo más
de lo habitual.
3) ¿Me pongo frío o calor?: Es una
pregunta que muchas veces me he hecho, especialmente cuando comencé con las
distancias largas y a raíz de esto me aparecía una que otra molestia. Lo que me han dicho muchas veces, es que ante
la duda lo mejor es aplicar frío, ya que no va a ser perjudicial. Esto a diferencia del calor que sí nos puede
perjudicar en algunos escenarios (por ejemplo, ante una inflamación aguda
originada en las 48 horas anteriores).
Aplicar calor en compresas puede ser muy útil para superar contracturas
musculares. La manera como aplico el
frío en mi caso, que me parece muy efectiva, es mediante un molde de hielo que
preparo de la siguiente manera: Llenamos con agua un vaso descartable y lo
ponemos en el congelador. Luego de unas
horas, estando el contenido del vaso congelado, sacamos el hielo del vaso (que
hace las veces de un molde), lo cogemos con una toalla y nos hacemos masajes en
la zona adolorida con dicho bloque de hielo por unos 10 minutos. Esto último también es de bastante utilidad
luego de entrenamientos duros a modo de prevención. El tamaño del vaso descartable es tal como el
que se muestra en la figura. En esta se
puede observar el vaso con el agua congelada.
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| Vaso con agua congelada |
4) Otras alternativas para aliviar
molestias:
a) Kion:
Ponerme jugo de kion en las zonas adoloridas también me ha sido de bastante
utilidad para superar molestias, en especial, aquellas que fueron causadas por
una inflamación. Para esto solo es
necesario rallar el kion, luego exprimirlo, y el jugo que queda frotarlo en la
zona adolorida para finalmente protegerla con una venda. Lo más recomendable es hacerlo por la noche,
antes de dormir. No recomiendo poner
mucho jugo de kion en una zona particular, dado que cuando este es absorbido por
la piel genera un calor en la zona, que con pequeñas cantidades se siente
agradable; sin embargo, si se pone mucho el calor generado puede resultar un
poco incómodo. Cuando he utilizado este
método para superar alguna molestia, las mejoras las comencé a sentir a los
pocos días.
b) Diclofenaco:
Lo utilizo en gel para frotar directamente en la zona adolorida.
c) Ungüento
de molle: Es una alternativa más económica que el diclofenaco con muy
buenos resultados también ante alguna molestia.
Lo venden en potes en cualquier mercado.
5) Ejercicios de fortalecimiento muscular:
El simple hecho de no hacerlos regularmente pueden ser la causa de las
molestias que aparecen, y el hacerlos puede ser la solución a esto. Es común que cuando tenemos alguna molestia
dejemos de hacer nuestra rutina con normalidad, o bajemos la intensidad y volumen;
sin embargo, todo esto hace que nuestra fuerza muscular disminuya, haciendo que
estemos propensos a volvernos a lesionar cuando retomemos la actividad. Esto es algo que muchas personas experimentan
y de acuerdo a lo que yo he experimentado, hacer ejercicios de fortalecimiento,
como son los funcionales, ayuda a que nuestro cuerpo esté preparado para retomar
la actividad con la exigencia a la que estábamos acostumbrados. Cabe precisar, que al hacer los funcionales
debemos tener cuidado de forzar la zona adolorida y limitarnos más a los
músculos que no están involucrados en la molestia.
6) ¿Y si no puedo correr?: Esta
situación es la que suele ser más frustrante para los que corremos. Lo primero es tratar de mantener la calma y
concentrarnos en otras actividades que nos motiven y relajen. También podemos consultar a nuestro médico
sobre la posibilidad de practicar otros deportes que nos ayuden a mantenernos
en forma, como es la natación o la bicicleta. También recomiendo consultar si
es posible hacer ejercicios de fortalecimiento y en qué medida. Lo principal que debemos tener en cuenta en
este punto es que nuestra lesión es temporal, va a curarse poniendo de nuestra
parte, y luego vamos a regresar con más fuerza y motivación para seguir
practicando el deporte que nos apasiona.
La
principal conclusión a la que podemos llegar es que la clave para superar
cualquier molestia o lesión es saber escuchar nuestro cuerpo, tratando de
anticiparnos a la aparición de la lesión o, si esta ya está presente, ver la
mejor manera de manejarla. Lo más
importante en cualquier caso es mantener una actitud positiva, ya que esto
suele ser de gran ayuda para que lo que nos suceda nos afecte lo menos posible
y sea superado totalmente. También hay
que recordar que todas estas experiencias que vivimos nos enseñan algo nuevo,
que es lo que nos va convirtiendo en un corredor más fuerte.

